martes, 7 de agosto de 2012

El río y la muerte.



El río y la muerte.


En un pueblo de los adentros de un México machista y prepotente dos familias se disputan no se sabe bien qué; hay, sin dudas, una causa original pero ya nadie la tiene presente; pelean, se vengan, se matan, y se vuelven a matar porque sobre ellos se ha impuesto una rutina de odio implacable.

El río y la muerte es el título de una película de uno de los realizadores más importantes del cine de todos los tiempos, se trata de Luís Buñuel. Filmada en 1954 relata la particular costumbre de los habitantes de este pueblo de matar por nada. Y allí está la figura de un ancho río que separaba ese pueblo de odio de un monte tupido y virgen. La costumbre indicaba que había dos maneras de llegar al monte: vivo o muerto. El que era asesinado atravesaba el río como protagonista de una canoa negra de sepelio, el que mataba debía cruzarlo a nado para perderse definitivamente entre la vegetación. Todos mataban pero nadie ganaba, era la muerte o la desolación; aún conociendo las irremediables consecuencias todos mataban.

Por las costas rioplatenses dos familias políticas han decidido trasladar al resto de la comunidad su odio y prepotencia. Mueven todas sus piezas con la intención de destruir al otro. Una familia tiene un discurso más belicoso, la otra presenta otro de tono, en apariencia, componedor pero que a todas pruebas es falso y capcioso.

El resto de la comunidad fue tomando partido. La presión que estas dos familias ejercen hacia abajo obligan a muchos a decidirse: de un lado o del otro. De esta manera la violencia y la prepotencia se incrustaron en las charlas y en las acciones de gran parte de la sociedad; casi todos asumieron como propia una disputa que les era ajena.
Otro sector de la sociedad trató de permanecer al margen pero el combate fue tan grande que no tardó en meterse de prepo en sus vidas.

Y así pasaron los años y muchos logros que esta pequeña sociedad había logrado alcanzar antes de que toda esta guerra comenzara se fueron perdiendo.
Todo empeoró cuando una de las familias, al frente del gobierno de la Nación, decidió orientar todos sus recursos en un ataque furtivo a la familia que gobernaba la Ciudad.
Esta decidió también atacar con todo lo disponible a mano, y en vez de gestionar se propuso reemplazar a la familia que gobierna en la Nación en unas distantes elecciones.
Un día la Ciudad y la Nación pelearon tanto que todo se paralizó. Ningún habitante pudo ir a trabajar, ningún niño pudo ir a su escuela.
Un odio atiborrado de pequeñas y grandes complicaciones se apoderó de los habitantes de ese pequeño pueblo. Ese día se produjo un cambio que pasó casi inadvertido para las dos grandes familias. Ese día los habitantes entendieron que pueden aspirar a más, que pueden ser ciudadanos pero que para que eso ocurra deberán dejar de asumir disputas ajenas como si fueran propias.

Y fue ese día en el que se selló el destino inmediato de estas dos familias; era solo cuestión de tiempo, ambas debían cruzar el río empujadas por la lucidez de una comunidad que cambió, que no quiso perecer.

Poco importa si lo atraviesan a nado o en una negra canoa, el final de los que odian siempre será el mismo.       

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